
Llega el verano y nuestra piel queda más descubierta. Es el momento en que muchas mujeres sufren más por nuestra terrible enemiga: la celulitis.
¿Qué es? ¿Por qué se genera? ¿Cómo combatirla? Estas son solo algunas de las inquietudes que nos atormenta día a día cuando vemos nuestra piel de naranja.
La celulitis es una alteración del tejido conjuntivo subcutáneo, que se caracteriza por un aumento de la actividad del tejido adiposo y de la retención de agua, grasas y toxinas en el espacio que queda entre una célula y otra, al que se suma un problema de circulación sanguínea y a una degeneración del tejido conjuntivo subcutáneo.
Causas
La principal causa de la celulitis es de tipo hormonal y puede ser producida por diversas alteraciones de las funciones endocrinas como el hipotiroidismo, los trastornos de la hipófisis, el hiperfoliculismo y distintas disfunciones ováricas.
La dieta influye no sólo en la formación de la celulitis sino que también en su control. La ingesta desequilibrada con un contenido calórico mayor al requerido por el organismo, favorece la síntesis y almacenamiento de grasas en el tejido adiposo.
La vida sedentaria, el usar prendas de vestir ajustadas, tacos muy altos y delgados y fumar, son factores que dificultan el retorno venoso y que por lo tanto, favorecen la aparición de celulitis.
Otro factor por el que se origina es el embarazo, ya que en este período se producen alteraciones de la circulación sanguínea y de la retención de líquidos.
Recomendaciones
No consumir aquellos alimentos con un gran contenido de azúcar, cafeína, alcohol y alimentos precocinados o muy condimentados.
Evitar el café y el exceso de sal.
Bebe abundante agua o jugos de fruta naturales (sin azúcar) en proporción de 1,5 a 2 litros diarios, a fin de estimular la eliminación de toxinas.
Practica algún deporte o actividad física, ya que ello alivia el estrés, fortalece la musculatura, modela la figura y favorece la apropiada circulación sanguínea, con lo que las células reciben más oxígeno y aumentan su metabolismo.
Evita usar agua excesivamente caliente o muy fría al ducharse y concluir los baños con la aplicación de agua fría desde los tobillos hacia arriba, para favorecer el retorno de sangre desde las extremidades inferiores.
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